viernes, 17 de noviembre de 2017

Un director para nada ejemplar

“Arpón” es un thriller dirigido por el venezolano Tom Espinoza, siendo su ópera prima como director y escritor (antes hizo cortos). Co-producida entre Argentina, España y Venezuela, el reparto incluye a Germán de Silva (José en la aclamada “Relatos Salvajes”), Ana Celentano, Laura López Moyano (Premio Revelación por “La Patota”) y el debut cinematográfico de Nina Suárez, hija de la actriz y cantante Rosario Bléfari. Aunque la cinta fue filmada durante cuatro semanas en la ciudad de Berazategui, el director viene pensando las ideas del film hace cinco años. Luego de pasar por variados festivales, entre ellos el de Chicago, Torino, Varsovia y Valladolid, el estreno en Argentina está pautado para el 30 de noviembre.


La historia se centra en Argüello (Germán de Silva), un director de escuela que día a día se rige por sus propias reglas: revisa las mochilas de cada alumno, trata mal a los demás, se deja llevar por sus impulsos, entra donde no le corresponde, etc. La única de las alumnas que le hace frente es Cata (Nina Suárez), una chica de 14 años que guarda un objeto peligroso. Debido a un accidente y sin lograr contactar a su familia, Argüello deberá hacerse cargo de ella por una noche. Lo que no sabe es que eso tampoco será para nada fácil en su vida, ocasionándole un gran problema a futuro.

La película abarca varias temáticas interesantes que pueden apreciarse si desde un principio tenemos en cuenta que es un producto de ficción. Por un lado tenemos a un hombre que aprovecha su posición de poder. Su autoritarismo es un aspecto normal en esa escuela y él se justifica a sí mismo gracias al objeto que encontró en las pertenencias de la problemática Cata. Germán de Silva compone a una persona que influye temor porque uno no sabe hasta dónde es capaz de llegar. No lo conocemos en profundidad pero por sus acciones captamos que cuando se propone algo, no para hasta cumplirlo.

El carácter fuerte de Cata lo descoloca por completo, haciendo que las escenas juntos sean súper disfrutables de ver. Nina Suárez es toda una revelación: sólo con su mirada penetrante, ya que los diálogos son escasos, logra transmitir la soledad que siente. Cata hace cosas que en su interior sabemos que no desea y su único objetivo es el de pertenecer. Hay una gran crítica hacia lo que implica el ser popular en la adolescencia, con el boom de las redes sociales y sus estereotipos de belleza. La joven también demuestra sus dotes para el canto en un rap con mucho significado. Aunque su rol es primordial en la película, me hubiese gustado que desarrollaran en mayor medida su situación familiar.

Debido al bajo presupuesto se produce un abuso del uso de cámara en mano, por lo que hay demasiados planos cerrados donde sólo vemos la nuca del protagonista caminando. Sin embargo cuando llega la tensión, lo hace con toda la fuerza, manteniéndonos intrigados por lo que pasó.

Ser testigos de cómo se manejan los profesores dentro de un colegio resulta interesante, y más si escuchamos lo que hablan entre ellos, sin sus alumnos presentes. Ana Celentano en el papel de la maestra Sonia hace un gran trabajo a la hora de expresar lo que quiere conseguir de los chicos, qué enseñanzas desea dejarles. Su relación con el director es ardua, con peleas que van aumentando a medida que transcurren los 82 minutos.

La película hace foco en la trata de personas sin que sea su tema central sino una vía para llegar a lo que se quiere contar. Al principio creemos saber para qué camino nos quiere llevar Tom Espinoza, sin embargo luego eso cambia completamente y las teorías armadas desaparecen, lo que puede dejarnos decepcionados. Únicamente pasado un tiempo de su visionado uno descubre lo que se quiso transmitir: en ese ámbito la naturalización es plena.

Puede que “Arpón” sea un largometraje pequeño, sin embargo los tópicos que toca, sus buenas actuaciones y originalidad lo hacen grande. Casi imposible que no te atrape su historia.


miércoles, 15 de noviembre de 2017

Unidos para salvar al mundo

“La Liga de la Justicia” (Justice League, 2017) es una película de superhéroes perteneciente al Universo Extendido de DC (DCEU). Está dirigida por Zack Snyder y escrita por Chris Terrio y Joss Whedon. El reparto incluye a Gal Gadot, Ben Affleck, Ezra Miller, Jason Momoa, Ray Fisher, Henry Cavill, Amy Adams, Diane Lane, Billy Crudup, Jeremy Irons y JK Simmons. Llega a los cines argentinos en todos los formatos disponibles (2D, 3D, 4D, IMAX, D-BOX, XD) el 16 de noviembre, un día antes que el estreno en Estados Unidos gracias a la distribuidora Warner Bros.


Triste por la pérdida de Superman (Henry Cavill), Batman (Ben Affleck) se propone reunir a un grupo de héroes para salvar a la humanidad de Steppenwolf, un ser maligno que está buscando en la Tierra a las tres “Cajas Madre”. Si se unen, éstas pueden transformar al planeta en el infierno mismo, pero a la vez una sola Caja también tiene la habilidad de dar vida. Steppenwolf no está solo ya que cuenta con su ejército de parademonios, por lo que para Diana (Gal Gadot), Aquaman (Jason Momoa), Barry (Ezra Miller), Victor (Ray Fisher) y Batman no será sencillo derrotarlo.


Si hubiera que elegir una sola palabra para definir a esta cinta sería entretenida. Uno en las dos horas de metraje nunca se aburre con lo que está sucediendo en pantalla y esto se debe a que la mayoría de los personajes son carismáticos e interesantes. Gal Gadot como la Mujer Maravilla vuelve a demostrar que nació para este papel; ahora más madura, el guión tira varios guiños a lo que pudimos ver en su película en solitario. Ezra Miller como Flash funciona como el “personaje que tira los chistes”, lo que por un lado está bueno pero por otro a veces no logra las risas deseadas; queda muy encasillado en ese rol y aunque sea gracioso, se nota por qué está puesto ahí. Ben Affleck compone a un Batman muy caído por la muerte de Superman, lo cual hace que quede en el papel de “la víctima”, sin dejar de tener unos momentos divertidos. Jason Momoa como Aquaman tiene una de las mejores escenas junto a la Mujer Maravilla, su personaje es fuerte, decidido y en cierto modo creído. Por último Ray Fisher encarna a un Cyborg con un trasfondo duro, que sobresale por el cambio que va teniendo a lo largo del film.

Algo para destacar es que la cinta es súper fácil de entender, no da vueltas y sin ver ninguna película anterior se entiende casi en su totalidad. El conflicto atrapa desde el comienzo, aunque luego se decida por un tiempo dejarlo de lado y volver a él mucho después. La que sigue sin convencer en su papel es Amy Adams como Lois Lane; sería lo mismo que sus escenas las saquen ya que no aporta nada y lo que resulta atractivo de ver es La Liga, no su historia.

El abuso del slow motion en las partes de pelea genera que todo se vea muy falso. La inserción a este mundo heroico que se logró en la introducción se pierde siempre que se usa este efecto. El villano está construido con CGI y tanto esto como su voz “atemorizante” le juegan en contra: sólo creemos que realmente es una amenaza para la humanidad porque los superhéroes lo contaron, ya que si fuera por sólo verlo a Steppenwolf no pensaríamos lo mismo.

Desde el minuto uno la película es súper previsible, sabemos quién va a aparecer, qué es lo que va a pasar y cómo va a terminar. Sin embargo la manera en la que se desarrollan los sucesos tiene tan buen ritmo que nunca se hace pesada.

“La Liga de la Justicia” es una opción pochoclera que funciona gracias a sus personajes, los cuales conforman un gran grupo que va contra el mal. A quedarse hasta el final que hay dos escenas post créditos, siendo la última la más importante para lo que se viene. 


martes, 7 de noviembre de 2017

"Hay un homicida entre nosotros"

“Asesinato en el Expreso de Oriente” (Murder on the Orient Express, 2017) es una película de misterio basada en la novela homónima de Agatha Christie, que ya tuvo su adaptación a la pantalla grande en 1974, a la tv en 2001 y como un capítulo de la serie “Agatha Christie's Poirot” en 2010. Esta vez está dirigida, producida y protagonizada por Kenneth Branagh, con guión a cargo de Michael Green. El reparto incluye a Daisy Ridley, Michelle Pfeiffer, Tom Bateman, Lucy Boynton (Raphina en Sing Street, Allison en la serie Gypsy), Josh Gad, Penélope Cruz, Judi Dench, Willem Dafoe, Manuel Garcia-Rulfo, Derek Jacobi, Leslie Odom Jr y Johnny Depp. Llega a los cines argentinos el 9 de noviembre gracias a la distribuidora Fox.


El reconocido detective Hercule Poirot (Kenneth Branagh) aborda en el Expreso de Oriente, uno de los trenes más lujosos del mundo en 1930, para tomarse unas pequeñas vacaciones antes de llegar a destino. Lo que menos se espera es que en el recorrido uno de los pasajeros será asesinado en su habitación. Con el tren descarrilado debido a una avalancha de nieve, Poirot será el único que podrá resolver el caso más difícil en lo que va de su carrera.


Estamos ante un caso en donde la historia tan buena que se tenía para contar quedó desaprovechada en su ejecución. Y esto se nota desde el primer acto de la cinta: la presentación del afamado detective en el Muro de los Lamentos de Jerusalén busca introducirnos en la personalidad de Poirot, su inteligencia y atención a los detalles; lo que pasa es que el ritmo es muy lento, el guión no nos lleva a nada y uno sólo quiere que llegue el momento en que el hombre se suba al tren y comience el verdadero conflicto.

Una vez que Hercule se aloja en el Expreso, se da la exposición de los demás pasajeros, una exposición que sólo otorga pocos diálogos de las doce personas y no permite conocerlos en profundidad. Se entiende que son varios los personajes y resulta complicado darle el tiempo necesario a cada uno, pero la forma en que se decidió mostrarlos sólo hace que cada actor quede desaprovechado, sin que lleguemos a conocer sus motivaciones. Esto da lugar nada más ni nada menos que al encasillamiento que se ve en el trailer, únicamente calificando a cada pasajero por lo que es (la institutriz, la condesa, el mayordomo, el secretario, la princesa, etc).

La ambientación de época está muy bien lograda, desde el aspecto de alta clase social del tren como el hermoso vestuario y maquillaje. Sin embargo esto no alcanza para que uno logre interesarse por el asesinato. Kenneth Branagh no llega a convencer en el rol del importante detective que llega a la verdad del asunto en cualquier situación. La manera de resolver el caso tiene tantos nombres de por medio que uno se pierde en quién es quién, para concluir en un desenlace sencillo y satisfactorio que no necesitaba de tantas vueltas.

En “Asesinato en el Expreso de Oriente” le dieron más importancia a reunir a un cast glorioso, con grandes estrellas de Hollywood, en vez de centrarse en la historia que tenían para plasmar. Aunque su tramo final resulte entretenido, en su conjunto la película no atrapa al espectador como debería. 


domingo, 5 de noviembre de 2017

La familia es la familia

“El Castillo de Cristal” (The Glass Castle, 2017) es una película dramática basada en la autobiografía homónima de la columnista de chismes Jeannette Walls, libro que se mantuvo 261 semanas en la lista de Best Seller de The New York Times. Está dirigida por Destin Daniel Cretton, que también hizo el guión junto a Andrew Lanham. El reparto incluye a Brie Larson (Mejor Actriz en los Oscars por La Habitación), Woody Harrelson (Haymitch en la saga de Los Juegos del Hambre), Naomi Watts (que hace poco protagonizó la serie de Netflix “Gypsy”), Ella Anderson, Max Greenfield, Josh Caras, Sadie Sink (Max en Stranger Things 2), Brigette Lundy-Paine (Casey en la serie Atypical), Sarah Snook, Robin Bartlett, Charlie Shotwell y Shree Crooks. Llegó a las salas argentinas el 12 de octubre gracias a la distribuidora BF + Paris Films.

Jeannette Walls (Brie Larson) tiene un buen trabajo como periodista, una hermosa casa en Nueva York, asiste a cenas con gente importante y está a punto de casarse con David (Max Greenfield), un asesor financiero. A pesar de las cosas buenas que tiene en su vida, su pasado familiar la atormenta. Lo que sucedió en su infancia no puede ser evadido una vez que ella ve por la ventanilla de un taxi a sus padres hurgando en la basura.

La película todo el tiempo va del presente al pasado para mostrarnos cómo fue el modo de vida de Jeannette, con qué tuvo qué lidiar y por qué ahora se siente de esa manera. Gracias a estos flashbacks vemos cómo se manejaba su familia, conformada por el padre alcohólico Rex (Woody Harrelson), la madre pintora Rose Mary (Naomi Watts) y sus hermanos Lori (Sadie Sink), Maureen (Shree Crooks) y Brian (Charlie Shotwell). Ellos eran nómades ya que Rex no tenía un trabajo estable, por lo que debido a su comportamiento y al no pagar los impuestos, debían ir de acá para allá sin un hogar fijo.


Nos encontramos ante una película llena de golpes bajos que impacta aún más al darnos cuenta que esto pasó en la realidad. Sus partes más interesantes son las que retratan el pasado porque ahí es donde desde nuestra posición como espectador podemos ver todas las cosas que andan mal en la familia Walls. A la madre le importa más pintar un cuadro que cocinarle a sus hijos, el padre funciona como el líder que está convencido que una vida alejada del capitalismo es lo mejor y los hijos son los que pagan las equivocaciones de sus padres. Éstos no los protegen, no se hacen cargo como deberían, toman decisiones injustificables pero a la vez vemos que a su modo los quieren.

La cinta cuenta con muy buenas actuaciones por parte de Naomi Watts, que en el presente está con un look de anciana súper creíble y efectivo, y Brie Larson, que con sólo sus ojos transmite todo el dolor por el que pasó. Los niños, en especial Ella Anderson como la pequeña Jeannette, tienen roles complicados y salen airosos. Nos duele ver cómo pasan hambre, no tienen donde bañarse o cómo van a jugar al patio de afuera cuando sus padres pelean. Como cualquier chico en su infancia, ellos creen que lo que les promete su padre se va a cumplir, por lo que cuando ven que los hechos no llegan su desilusión es auténtica.

El que se lleva todos los aplausos es Woody Harrelson como el padre de familia ya que su personaje genera sentimientos de lo más contrapuestos. Su manera de ver el mundo es la de un soñador que no cree que haya imposibles. Por un lado vemos cómo el alcohol lo afecta y lo lleva a ser una persona horrible, por otro da buenas lecciones de vida a sus hijos. Durante todo el metraje reinan sus malas acciones y actitudes por sobre lo bueno que tiene y eso hace que los últimos 20 minutos nos desconcierten. La película da un gran giro y lo que se nos venía planteando cambia, dejándonos como mensaje que cada familia es un mundo y no hay nada mejor para uno mismo que el perdón. Es por esto que el film tiene críticas tan divididas, muchos no están de acuerdo con su desenlace, que llega a ser un poco forzado.

“El Castillo de Cristal” es una historia fuerte y real, con una gran carga emocional que depende de quien la vea, le afectará en mayor o menor medida. Tiene algunas escenas demás en sus 127 minutos, sin embargo deja pensando y reafirma que dentro de una familia, mejor quedarse con lo bueno de cada integrante.


jueves, 2 de noviembre de 2017

Un homenaje brillante

“Loving Vincent” (2017) es una película de animación que no tiene precedentes. Las escenas primero se filmaron con actores reales y luego se pintó a mano sobre óleo cada uno de los 62450 fotogramas. Para semejante trabajo (que llevó cinco años) se convocaron a artistas de diferentes partes del mundo. Cinco mil personas se presentaron y sólo 120 pasaron la prueba. Ellos se sometieron a un entrenamiento intensivo que duró tres semanas. Así es como la película dirigida y escrita por la pareja de la polaca Dorota Kobiela y el inglés Hugh Welchman homenajea a la perfección la vida y los más de 100 cuadros del pintor holandés Vincent Van Gogh, interpretado por Robert Gulaczyk.


Pero la cinta no sólo debe ser aplaudida por su belleza visual sino también por la historia que narra. A partir de las 800 cartas que Van Gogh le envió a su hermano Theo, Kobiela y Welchman crearon un relato detectivesco, donde lo que más abunda es la curiosidad por lo que realmente le pasó al pintor a sus 37 años. ¿Fue un suicidio o alguien le disparó? Las versiones del hecho nos son mostradas a través de la figura de Armand Roulin (Douglas Booth), hijo del cartero de Van Gogh. Su padre Joseph (Chris O'Dowd) le pide que busque a Theo (Cezary Lukaszewicz) y le entregue la última carta del pintor, a un año después de su muerte. De mala gana, Armand sigue las consignas de su padre. El ínfimo interés del comienzo se irá revirtiendo cuando escuche a cada uno de los que conocían (de vista o en profundidad) a Van Gogh. El deseo por querer llegar a la verdad del asunto se acrecentará a gran escala.


En el film contamos con varios personajes que se desenvuelven en la tranquila comuna francesa de Auvers-sur-Oise. Tenemos al doctor Gachet (Jerome Flynn), amigo con el que Van Gogh compartía su pasión por el arte; su hija Marguerite (Saoirse Ronan), joven que pudo tener una relación amorosa con el holandés; Louise (Helen McCrory), ama de llaves de Gachet que veía algo “impuro” en Vincent; Adeline Ravoux (Eleanor Tomlinson), hija del dueño de la posada donde Van Gogh se alojaba; el médico Mazery (Bill Thomas), que está segurísimo que lo que pasó no fue un suicidio; René Secrétan (Marcin Sosinski), chico que maltrataba al artista y el barquero local (Aidan Turner).


Las hipótesis son varias y la película en su desenlace llega a dar una que podría llegar a ser la más certera, sin embargo la producción polaco británica deja varios cabos sueltos para que el espectador saque su propia conclusión (o no). Otro de sus aciertos es el uso de los flashbacks cuando cada personaje narra lo que percibió de Van Gogh. Uno no tiene problema en dilucidar qué es lo que está pasando en la actualidad y qué sucedió en el pasado gracias a los colores: los flashbacks son en blanco y negro, el presente está lleno de amarillos, azules y verdes.

La música de Clint Mansell nos mete de lleno en la experiencia de ver una obra 100% hecha por cuadros pintados al óleo que cobran vida como por arte de magia. El resultado es fascinante, en cada plano la imagen resplandece lo que hace que uno no quiera parpadear para no perderse nada de lo que va pasando en la pantalla grande.


“Loving Vincent” hipnotiza por su originalidad a la hora de mostrar la vida de un pintor tan controvertido como lo es Van Gogh. Si sos fanático del artista no vas a encontrar datos reveladores pero sí te vas a enorgullecer del gran trabajo que hicieron para homenajearlo. Si no sabés mucho sobre él, la película abre las puertas a conocer su forma de ver el mundo mediante sus cuadros, que únicamente fueron apreciados como merecían después de su muerte. 


No sólo sobrevivir

“Una Razón Para Vivir” (Breathe, 2017) es una película dramática basada en una historia real. Andy Serkis (César en “El Planeta de los Simios”) debuta como director con esta cinta que está escrita por William Nicholson. Los protagonistas son Andrew Garfield y Claire Foy (reina Elizabeth II en la serie The Crown). También actúan Hugh Bonneville (Robert Crawley en la serie Downton Abbey, Henry Brown en Paddington), Tom Hollander, Dean-Charles Chapman (Tommen en Juego de Tronos), Ed Speleers y Amit Shah. Llegó a las salas argentinas el 26 de octubre gracias a la distribuidora Diamond Films.


La vida de Robin Cavendish (Andrew Garfield) cambia totalmente cuando a los 28 años contrae polio mientras estaba de vacaciones en África con su esposa embarazada Diana Blacker (Claire Foy). Paralizado del cuello para abajo, Robin se niega a seguir viviendo postrado en una cama de hospital. A pesar de las advertencias de los médicos, su mujer lo lleva a su nuevo hogar familiar. Gracias a la ayuda de un amigo que le diseñó la silla de ruedas con la máquina que le permite respirar, Robin hará tomar consciencia a los médicos que los padecientes de polio no tienen sólo que sobrevivir, también pueden vivir.


El productor del film es Jonathan Cavendish, hijo en la vida real de los protagonistas por lo que desde ya se puede ver un profundo respeto y ganas de mostrar lo valientes que fueron sus padres a la hora de enfrentar esta enfermedad. El problema recae en el comienzo de la película: en menos de cinco minutos pasamos de ver cómo a Robin le parece inalcanzable una mujer como Diana a ellos dos ya juntos de vacaciones en África. Que no se tomara el tiempo para desarrollar su relación amorosa o cómo se llevaban con sus amigos más cercanos afecta al resto del contenido.

Andrew Garfield logra una buena interpretación al punto de que uno se llega a creer que el actor no puede respirar por sí mismo. Sus cambios de voz están perfectamente logrados. La máquina que lo mantiene vivo tiene un papel tan fundamental como el de él y esto el director lo hace notar de acuerdo a los sonidos que emite, presentes en casi todo el metraje. Las expresiones faciales de Garfield también son para destacar ya que gracias al movimiento de sus cejas, ojos y boca conectamos con su personaje, somos testigos de cómo afronta lo que le sucede y cómo su forma de ser no está extinta.

Diana tiene un rol imprescindible en la vida de Robin y Claire Foy sale airosa encarnándola. La mujer que compone es determinada, no llora ni se deja vencer. Desde que su marido se ve afectado por la polio resulta admirable su manera de actuar: su amor hacia Robin es tan pleno que nunca se le cruza por la cabeza dejarlo o permitir que se le desconecte el respirador artificial.

Durante su primera mitad la película puede resultar un poco decepcionante por el ritmo que se emplea: no pasan demasiadas cosas lo que la hace lenta y aburrida. Sin embargo desde que el protagonista está en la silla de ruedas y proclama un discurso que constituye una de las mejores escenas, el film cambia de tono mostrándonos la manera de vivir de esta familia y cómo ante tantas adversidades también hay lugar para la felicidad.

Andy Serkis se reserva para la última media hora los momentos que son como una daga en el corazón, por lo que te recomiendo que si la vas a ver si o sí lleves pañuelos. Lo que se muestra impacta y entristece pero ese no es el sentimiento que queda cuando los créditos bajan. El largometraje deja un mensaje esperanzador muy valorable que permite ponernos en el lugar de cada uno de los personajes y entenderlos.


“Una Razón Para Vivir” es una historia real que necesitaba plasmarse en la pantalla grande porque pone el foco en qué es lo mejor para las personas discapacitadas. Robin Cavendish cambió la forma de pensar de los doctores, incluso los que decían que se iba a morir en los próximos tres meses si no se quedaba en el hospital. La película tiene sus fallas en el primer tramo, sin embargo cuando se decide cambiar el ritmo mejora notablemente y te llega al corazón. 


lunes, 30 de octubre de 2017

El cabo herido que tenía otras intenciones

“El Seductor” (The Beguiled, 2017) es una película dramática dirigida y escrita por Sofía Coppola. Está basada en la novela de Thomas P. Cullinan, que ya había tenido su adaptación cinematográfica en 1971. El reparto incluye a Nicole Kidman, Kirsten Dunst, Elle Fanning, Colin Farrell, Oona Laurence (Leila en “Revancha”, Natalie en “Mi amigo el dragón”), Angourie Rice (Holly en “Dos tipos peligrosos”), Addison Riecke y Emma Howard. Fue presentada en el Festival de Cannes donde Coppola hizo historia al ser la segunda mujer que consiguió el premio a la Mejor Dirección. Llegó a las salas argentinas el 26 de octubre gracias a la distribuidora UIP.


En 1864, durante la Guerra de Secesión, Martha Farnsworth (Nicole Kidman) está al mando de un internado de señoritas en Virginia. Las únicas que siguen viviendo allí son la maestra Edwina (Kirsten Dunst), la adolescente Alicia (Elle Fanning) y otras cuatro niñas. Un día Amy (Oona Laurence) camina por el bosque en busca de setas y por sorpresa se encuentra con un hombre herido recostado en un árbol. Él es John McBurney (Colin Farrell), cabo del norte que dejó el campo de batalla debido a su pierna maltrecha. Aunque sea considerado un enemigo, Amy decide llevarlo hacia el internado para que Martha lo cure. La llegada de este soldado revolucionará la vida metódica de estas mujeres que tienen las hormonas a flor de piel. Lo que no saben es que John seduce a quien se le cruce y ni se le pasa por la cabeza volver a la guerra.


El gran acierto de la cinta es mostrar todos los sucesos desde el punto de vista de las mujeres, cómo les afecta la llegada de este desconocido y cómo actúan para llamar su atención. Muchos podrán decir que la primera parte del film consiste en una recopilación de escenas en las que no sucede nada relevante, sin embargo el foco tiene que hacerse sobre los pequeños detalles: en el internado Farnsworth las chicas aprendían caligrafía, idiomas, modales, rezaban, cocinaban y preparaban la huerta; dentro de esa gran casa las reglas eran rígidas y desde la llegada del cabo como espectador podemos observar cambios enormes. De repente la atracción sexual aparece en sus vidas, lo que da paso a interesarse por algo “nuevo”, tener otro propósito que no sea limpiar u ordenar. Las formas que tiene cada una de llamar la atención de John, sus risitas y curiosidad están tan bien plasmadas que todo el primer tramo se hace súper disfrutable.

La ambientación de la época es otro de los grandes aciertos. La manera en la que está filmada, el diseño del título y los créditos dan la sensación de que estamos viendo una película antigua, que no tiene problema en tomarse su tiempo para desarrollar la historia. El contraste entre los vestidos blancos y el bosque, la oscuridad con la luz de las velas y el amanecer con la llegada de la noche están muy bien logrados junto a la armonía interrumpida que reina en ese lugar.

Hay que tener en cuenta que el tráiler de la película puede resultar engañoso ya que nos plantea que estas mujeres son consumidas por los celos y por venganza le hacen pasar una pesadilla al soldado herido. Esta idea no puede ser más errónea. En esta versión Sofía Coppola cambia aspectos mínimos que en su conjunto logran tener otra perspectiva: muestra lo desprotegidas que se sienten, cómo algunas acciones no tienen una intención maligna de trasfondo y que la violencia se da por parte del hombre.

Todo el elenco está muy bien pero ninguno llega a destacarse por sobre otro. Individualmente no llegamos a conocer casi nada de los personajes, aunque esto no genera que no nos interese lo que va sucediendo debido al atractivo que genera ver la forma de vida en el internado.

La primera parte nos prepara para lo que va a venir, sabemos que algo en cualquier momento va a explotar y cuando lo hace el film se queda corto. Quizás hubiese sido más fructífero sacar algunos minutos del comienzo y desarrollar más el final, ya que éste se siente apresurado teniendo en cuenta el ritmo planteado desde un principio.


“El Seductor” se basa en los gestos, formas de vestirse, de caminar, miradas y ligeros cambios de actitudes para mostrar el deseo femenino. Plasma las (des)ilusiones y lo que uno está dispuesto a hacer por su propia seguridad. Aunque el desenlace sea abrupto, la cinta es un buen producto que no hay que dejar pasar.