miércoles, 23 de mayo de 2018

Los inicios del gran piloto

“Han Solo: una historia de Star Wars” (Solo: A Star Wars Story, 2018) es el segundo spin off en la saga Star Wars tras “Rogue One” (2016). Como la mayoría sabe, ahora es Disney el que tiene los derechos de la franquicia, lo que genera que ya no haya que esperar tanto por una nueva película intergaláctica. Está dirigida por Ron Howard (Una Mente Brillante, Rush) y escrita por Jonathan y Lawrence Kasdan. El reparto incluye a Alden Ehrenreich (Hermosas Criaturas, Rules Don’t Apply), Emilia Clarke (Juego de Tronos, Yo Antes de Ti), Woody Harrelson (Los Juegos del Hambre), Donald Glover, Paul Bettany (Avengers: Infinity War), Joonas Suotamo y Thandie Newton. La cinta tuvo una exhibición especial en el Festival de Cannes, luego de su preestreno en Los Ángeles.


La historia se centra en los inicios de Han Solo (Alden Ehrenreich), papel interpretado por Harrison Ford en los primeros filmes. Así conoceremos cómo este joven ambicioso quería escapar del planeta Corellia junto a su novia Qi’ra (Emilia Clarke) para transformarse en el mejor piloto de la galaxia. Contrabandista por naturaleza, Han se verá implicado en una serie de aventuras que lo llevarán a conocer al apostador Lando (Donald Glover), al wookiee Chewbacca (Joonas Suotamo) y a su mentor Tobías Beckett (Woody Harrelson).


Poca expectativa había por esta película teniendo en cuenta que a los fans no les convencían para nada los tráilers ni el actor protagónico. Además, los directores en un principio iban a ser Phil Lord y Christopher Miller, responsables de “La Gran Aventura Lego” (The Lego Movie, 2014), sin embargo finalizaron su contrato de mutuo acuerdo con la productora Lucasfilm por “diferencias creativas”. Con este conjunto de problemas, Ron Howard decidió ponerse manos a la obra. ¿El resultado? Un largometraje que a pesar de su larga duración, 135 minutos, nunca llega a sentirse pesado gracias a la gran cantidad de escenas de acción que se dan en variados escenarios, los divertidos diálogos y el carisma de sus personajes.

Debo aclarar que no soy fanática de Star Wars, incluso ésta es la primera película que veo de la franquicia. No obstante Han Solo me sorprendió para bien: la trama resulta súper dinámica, con un conflicto sencillo que desde el comienzo atrapa al espectador. Las coreografías de pelea están muy bien desarrolladas ya que entretienen por no ser siempre lo mismo: hay disparos, explosiones, persecuciones, lucha con espadas, autos voladores y naves, en especial el Halcón Milenario, que deslumbran por su estructura. Pero la cinta no es sólo eso sino que se sostiene de Han y su equipo para que la aventura mantenga el interés. Alden Ehrenreich, gracias a la personalidad que le da a su personaje, consigue mostrar a Han por lo que realmente es: un joven tan simpático como inteligente que buscará cumplir sus deseos a toda costa.

Otro punto a favor se basa en que la relación de él con Qi’ra comienza con ellos ya como una pareja que comparte un mismo objetivo. Se nota la química que hay entre los dos, lo que nos hace quererlos y alentar por el cumplimiento de sus metas. El filme juega mucho con dónde está puesta la lealtad en cada personaje, lo que en el último tramo de la cinta puede confundir un poco a la audiencia por los diversos giros que se dan.

Punto aparte para la droide L3-37, interpretada por Phoebe Waller Bridge a través de la captura de movimiento, que a través de sus líneas reclama la igualdad de derechos entre humanos y robots. L3 aporta frescura al grupo y cada vez que aparece en pantalla saca una sonrisa. También lo hace Lando, interpretado por Donald Glover: su personaje carga con mucha presencia en pantalla y da ganas de verlo más tiempo en ese rol.

“Han Solo: una historia de Star Wars” está lejos de ser el desastre que se creía. Con muchas referencias y alguna que otra sorpresa para los fanáticos, la cinta cuenta con un espíritu western que, combinado con la reconocida música de la saga, se vuelve irresistible.

Puntaje: 8

Cuando la desesperación te cambia

“Animal” es un thriller psicológico nacional dirigido por Armando Bó y co-escrito junto a su primo Nicolás Giacobone, ambos ganadores del Óscar en la categoría Mejor Guión Original por la cinta “Birdman” (2014). Es el segundo largometraje de Bó tras haber hecho “El Último Elvis” (2012), en donde actuaba Griselda Siciliani. Filmada en Mar del Plata y Parque Chacabuco, el reparto incluye a Guillermo Francella, Carla Peterson, Marcelo Subiotto (La Fragilidad de los Cuerpos), Mercedes De Santis, Federico Salles, Gloria Carrá, Majo Chicar y Joaquín Flammini.


El marplatense Antonio Decoud (Guillermo Francella) tiene una vida ideal: una buena familia conformada por su esposa Susana (Carla Peterson), sus hijos adolescentes Tomás (Joaquín Flammini) y Linda (Majo Chicar), y un bebé; un trabajo como gerente de un frigorífico del que no se puede quejar, amigos y una casa gigantesca. Él siempre fue un hombre educado, respetuoso, que siguió las reglas impuestas por el sistema sin ningún tipo de problema. Sin embargo, una mañana que sale a correr todo cambia: uno de sus riñones está fallando y para seguir viviendo necesita un trasplante. Poco sirven las sesiones diarias de diálisis, y a medida que pasa el tiempo sin que aparezca un donante, los nervios de Antonio ante la muerte comienzan a aumentar. Una noche en la que no puede conciliar el sueño, Antonio comienza a buscar en Internet alguna forma de solucionar su problema. Allí se topa con un aviso de un hombre que propone intercambiar su riñón por una casa. Desesperado, Antonio se encontrará cara a cara con Elías (Federico Salles) y su novia embarazada Lucy (Mercedes De Santis). Lo que no sabe es que esta pareja de clase baja sacará lo peor de sí mismo, llevándolo a cometer actos que a él nunca se le cruzó por la cabeza que podría realizar.


Estamos ante una película súper atrapante ya que nos muestra cómo una persona correcta, debido a un hecho que no puede controlar, expulsa al exterior sus demonios y cambia completamente su forma de ser. Este contraste de personalidad necesitaba a un gran actor como lo es Francella, que continúa sorprendiendo por su capacidad interpretativa. De la calma pasa a los gritos, pero no de una forma abrupta sino que el director construye de a poco ese camino para que tenga sentido el egoísmo que asciende en el personaje.

La fotografía apagada de Javier Julia, que captura de una manera muy artística tanto la ciudad como el rítmico mar, ayuda a crear un ambiente opresivo alrededor de Antonio. La música de Pedro Onetto también contribuye en este aspecto, así como las escenas dentro del frigorífico o las imágenes donde el rojo sangre fluye, lo que nos hace recordar el funcionamiento del cuerpo humano.

Federico Salles como Elías consigue transmitirle al espectador la tensión. Él es alcohólico, no tiene trabajo, está por ser echado del pequeño espacio donde convive con su novia y es difícil de tratar. Los dos son el claro ejemplo de que a una persona si le das la mano te agarra el codo ya que la mayoría no logra estar conforme con lo que tiene.

Durante el acto final algunas situaciones se vuelven poco creíbles, no obstante “Animal” se consagra como una buena cinta nacional por las temáticas que toca, que van desde la diferenciación entre clases sociales hasta el instinto por sobrevivir, lo que genera una obsesión incontrolable en el protagonista.

Puntaje: 8

En busca de su mascota

“Isla de Perros” (Isle of Dogs, 2018) es una comedia de aventuras, animada con la técnica stop motion, dirigida, escrita y producida por Wes Anderson. Las voces originales están puestas por actores estadounidenses tales como Bryan Cranston, Liev Schreiber, Edward Norton, Bob Balaban, Bill Murray, Jeff Goldblum, Greta Gerwig, Tilda Swinton y Scarlett Johansson. Además cuenta con las voces japonesas de Koyu Rankin, Kunichi Nomura, Akira Takayama y Akira Ito. La película abrió el Festival de Cine de Berlín, donde Wes Anderson ganó el Oso de Plata a la Mejor Dirección.


Ambientada en un futuro cercano de Japón, la cinta se centra en Atari (Koyu Rankin), un niño de 12 años que tuvo un pasado trágico y ahora vive con su tío Kobayashi (Kunichi Nomur), alcalde de la ciudad de Megasaki. Debido a un virus que se esparce entre los perros, Kobayashi decreta que los canes deben ser exiliados a la Isla Basura. El primer animal que es mandado allí es Spots (Liev Schreiber), mascota de Atari. Al ser arrebatado su mejor amigo, el chico robará una avioneta y aterrizará dificultosamente en la isla con el objetivo de encontrarlo. Para eso contará con la ayuda de Chief (Bryan Cranston), Rex (Edward Norton), King (Bob Balaban), Duke (Jeff Goldblum) y Boss (Bill Murray), un grupo de perros alfa que se la rebusca como puede para sobrevivir.


Siempre que aparece una producción animada que no fue hecha por computadora es para celebrar. Y más si es en stop motion, donde el movimiento del objeto estático se construye manipulándolo entre tomas, trabajo que requiere de una máxima atención por los detalles. Wes Anderson ya había realizado con esta técnica “Fantastic Mr. Fox” (2009), y como era de esperarse, con “Isla de Perros” vuelve a lucirse.

Por empezar, cada imagen resulta una maravilla visual que da ganas de pausar para poder apreciar todos los objetos colocados a la perfección, sin dejar nada librado al azar. Imposible no pensar en la cantidad de tiempo que debe haber llevado construir cada escenario como personaje, con pequeñas particularidades que hacen a cada elemento único. En especial la locación de la isla, en donde la soledad se palpita en el aire mientras alguna que otra hoja de periódico vuela entre montañas de residuos. O el aspecto de los animales, algunos esqueléticos como otros en los que el pelaje llega a parecer súper real, tanto es así que hasta se pueden observar las pequeñas pulgas.

Además de la cuidada composición en cada escena, lo que nos hace empatizar con los perros (como si fuera difícil hacerlo) son sus ojos, que producen las más acuosas lágrimas o que con una mirada fija ya nos hacen captar cuál es su cometido. La forma en la que se mueven también los hace diferenciarse entre sí. Sin dudas el animal con mejor desarrollo es Chief, un can callejero que se muestra fuerte y valiente ya que en el fondo tiene motivos para preferir la vida sin dueño. 

La cinta está dividida por capítulos con títulos, así como los flashbacks son notoriamente aclarados lo que puede sacarnos un poco de la trama que veníamos apreciando. La música, compuesta por el galardonado Alexandre Desplat, es toda una exquisitez, llena de profundidad y concordancia con la aventura de Atari.

Desde el guión, “Isla de Perros” tiene variadas situaciones que, por cómo están planteadas, provocarán muchísima risa y ternura. No obstante lo más satisfactorio resulta la temática, ya que no sólo es la historia de un chico buscando a su perro sino que Anderson mete a la política de por medio, dejando un claro mensaje de cómo a veces los líderes ocultan información a su pueblo y son los ciudadanos los que deben hacerse escuchar.

A pesar de que su trama sea sencilla, para ver “Isla de Perros”, sabiendo que es de Wes Anderson, hay que ir completamente despabilado para no perderse nada, por lo que no es recomendable llevar a chicos muy chiquitos. Si sos amante de los animales, definitivamente la vas a disfrutar.

Puntaje: 8

El fútbol en Palestina

“¡Yallah! ¡Yallah!” (2017) es un documental que constituye la primera coproducción oficial entre Argentina y Palestina. Está dirigido, producido y escrito por Fernando Romanazzo y Cristian Pirovano, que lo filmaron entre 2014 y 2015. Los protagonistas son Abed-Fatah Arar, Roberto Kettlun, Yosef Alazzah, Susan Shalabi, Nabeel Hrob, Mohammad Abu Sulaiman, y Eyad Abu Garguood. Se presentó en la edición del año pasado del BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente) y en el Festival Latinoamericano de Cine Árabe de 2014 obtuvo el premio a “Mejor Trabajo en Progreso”.


A través de siete ciudadanos palestinos vinculados al fútbol, Romanazzo y Pirovano retratan, desde un ángulo muy original, cómo el pueblo se ve constantemente acosado por el Estado israelí. Sin necesidad de mostrar escenas sangrientas, la cinta transmite los diversos problemas cotidianos a los que se enfrentan los jugadores, tales como las autorizaciones y visas que se necesitan para trasladarse hacia otro lugar, las detenciones sin ningún tipo de argumento, la clausura del Club Islámico, la discriminación y el marcado carácter que tiene Israel al no querer ver triunfar en el deporte a Palestina.

En los jóvenes se puede observar cómo el fútbol es utilizado para evadir la situación actual de su propio país. A pesar de que muchos hace años que no pueden reunirse con sus familias, se los ve apasionados por jugar y demostrar su talento. La pérdida del entrenamiento diario, así como la falta de recursos y/o financiamiento, influyen en el desempeño del equipo, por eso algunos que tuvieron que pasar por la cárcel mantuvieron la práctica física desde allí. Como se ve, las ganas de superarse a sí mismos están en lo más profundo de su ser.

“¡Yallah! ¡Yallah!”, que significa “¡Dale! ¡Dale!” en español y es la frase que los palestinos utilizan para alentar a su cuadro, refleja con mucho compromiso una realidad actual angustiante e injusta, donde hasta los realizadores al filmarla estuvieron en zona de peligro. Un trabajo que nos hace tomar conciencia de lo mal que está el mundo y lo necesario que es que este conflicto se resuelva de otra manera, dejando de perjudicar de una vez por todas a los civiles.

Puntaje: 7

miércoles, 16 de mayo de 2018

Hay equipo

“Deadpool 2” (2018) es una comedia de Marvel que funciona como secuela de “Deadpool” (2016). En esta oportunidad el encargado de dirigirla fue David Leitch, reconocido por la primera entrega de “John Wick” (2014), aunque en esa ocasión no fue acreditado, y “Atómica” (Atomic Blonde, 2017). Ryan Reynolds vuelve a producirla y ponerse en la piel del antihéroe, esta vez también participando de la escritura del guión junto a Rhett Reese y Paul Wernick. En el reparto retornan algunos de los actores de la anterior, tales como Karan Soni, T. J. Miller, Brianna Hildebrand y Morena Baccarin; además, se suman bastantes nuevos: Josh Brolin, Zazie Beetz, Julian Dennison, Lewis Tan, Rob Delaney, entre otros.


Ya convertido en todo un mercenario que utiliza sus habilidades para matar a delincuentes, narcotraficantes y asesinos, Deadpool (Ryan Reynolds), por más roto que esté en su interior, debe enfrentar otro problema que involucra a un joven llamado Russell (Julian Dennison), el cual se nombra a sí mismo Firefist por su poder de crear fuego con sus manos. Aparte de que el chico no quiere volver al orfanato de mutantes donde vivía, pronto comenzará a ser buscado por Cable (Josh Brolin), un villano que puede viajar en el tiempo. Deadpool, dándose cuenta de que no puede ocuparse del asunto sin ayuda, formará la “X Force”, un equipo compuesto por otros mutantes que rápidamente se pondrá manos a la obra.


Si en la primera película nos sorprendimos con este personaje irreverente, gracioso y malhablado, aquí todo se eleva a la máxima potencia. Tanto la acción como los chistes abundan durante las dos horas de metraje, lo que para algunos puede jugar en contra ya que no hay respiro. Las bromas se suceden una tras otra, y aunque muchas continúan siendo súper ingeniosas, haciendo referencias buenísimas al mundo de Disney, DC, X-Men y hasta a Justin Bieber, otras no generan la risa buscada por sucederse tan rápidamente.

En cuanto a la estructura narrativa, en su primer visionado la cinta resulta rara porque como espectador cuesta captar qué camino quiere tomar el director con la historia. En los primeros minutos parece que el foco estará puesto en la relación de Wade con su novia Vanessa (Morena Baccarin) y en cómo él pasa sus días combatiendo a los criminales sueltos por el mundo, sin embargo luego el relato toma otra dirección completamente distinta, que a la larga llegamos a aceptarla porque no queda otra. No obstante, la segunda hora del filme tiene varias situaciones que podrían haberse acortado.

Ryan Reynolds sigue siendo la opción perfecta para encarnar a Deadpool, logrando que sea imposible imaginarse a otro actor encarnando este papel. De las nuevas incorporaciones, Shioli Kutsuna como “Yukio” da ganas de que tenga más momentos en pantalla hablando con Wade y Zazie Beetz en el rol de “Dominó” tiene mucha presencia sin decir muchas palabras. En cuanto a los actores que ya estaban en la primera, se esperaba más participación de Brianna Hildebrand como “Negasonic”; la joven mutante tiene incluso menos escenas que en 2016.

Si vas a ver “Deadpool 2” por su humor negro, ironías, referencias a otras películas y alguna que otra situación grotesca, que no te quede duda que la vas a pasar fenomenal. En mi caso prefiero a su predecesora, que me pareció mucho más clara con lo que quería reflejar. Eso sí, la última escena post créditos se convierte en una de las mejores en lo que va de filmes de superhéroes, ya sea por lograr una situación desopilante como por burlarse con inteligencia de errores cometidos en el pasado.

Puntaje: 7

La realidad sobre la maternidad

“Tully” (2018) es una comedia dramática dirigida por Jason Reitman y escrita por Diablo Cody. Esta dupla ya es reconocida por la aclamada “Juno” (2007) y “Young Adult” (2011), siendo la última protagonizada por Charlize Theron como también sucede en esta ocasión, en donde la actriz además ocupa el rol de productora. Completan el reparto Mackenzie Davis (Yorkie en el episodio San Junipero de “Black Mirror”), Ron Livingston, Mark Duplass, Elaine Tan, Gameela Wright, Asher Miles Fallica y Lia Frankland. La película se presentó por primera vez en el Festival de Sundance; la inspiración de Diablo llegó cuando estaba embarazada de su tercer hijo y se dio cuenta que en ninguna cinta se representaba de forma honesta lo que atraviesa una mujer al ser madre.


Marlo (Charlize Theron) está exhausta: con dos niños pequeños y un tercero en camino, se siente tan abrumada que pareciera que perdió su razón de ser. Drew (Ron Livingston), su marido, no resulta de ayuda ya que trabaja todo el día y el poco tiempo que está en casa lo dedica a los videojuegos. Como si fuera poco, la directora del colegio de sus hijos cita a Marlo para comunicarle que Jonah (Asher Miles Fallica) es un chico “poco convencional” por lo que debería contratarle una maestra auxiliar (la escuela no se ocupa de esos asuntos). Una noche en la casa de su adinerado hermano Craig (Mark Duplass), éste, al verla tan baja de ánimo, le propone que llame a una niñera nocturna así Marlo podrá dormir las horas necesarias. Al principio la idea de tener a un extraño en el hogar por las noches no le gusta para nada, pero luego Marlo termina aceptando. Así entra en escena Tully (Mackenzie Davis), una joven de espíritu libre que empezará una amistad con Marlo y alivianará sus quehaceres cotidianos.


Luego de lucirse el año pasado en la cinta de acción “Atómica” (Atomic Blonde), Charlize Theron decidió dejar atrás su esbelta figura y aumentar 22 kilos para ponerse en la piel de este nuevo personaje. Un gran mérito de la actriz que aporta aún más credibilidad de la que ya tenía por sí sola.

La cinta atrapa desde el comienzo al mostrarnos el día a día de Marlo, cómo la rutina la está consumiendo a tal punto que ya no sabe quién es. Su personalidad cambió rotundamente y, por limpiar, cambiar pañales, dar la leche, cocinar, llevar a los nenes a la escuela, etc., los días pasan volando sin que ella tenga tiempo para sí misma. Con la llegada de Tully, que vendría a ser como una Mary Poppins moderna, se produce un gran contraste de personalidades muy atractivo de ver: Tully no sólo viene a velar por la seguridad de la recién nacida, sino que otra de sus prioridades es cuidar de Marlo, hecho que parece inexistente en la vida de esta madre.

Como ya nos tiene acostumbrados, Jason Reitman se anima a mostrar la faceta más realista, en este caso, de la maternidad. Aunque las situaciones graciosas están, el drama es el que abunda. Sin embargo está tratado de tan buena forma, tocando temas como la identidad, los sueños y la depresión post parto, que la película logra ser inteligente, bella y emocionante.

Todos los del reparto dan buenísimas interpretaciones, incluidos los niños; en especial Asher Miles Fallica, que tiene que interpretar a un chico que le cuesta relacionarse. El vínculo que tiene con su madre, donde se nota que ella lo ama pero también se le hace difícil tranquilizarlo, está muy bien trabajado y sus escenas pueden llegar a sacar más de una lágrima.

“Tully” explora el ser madre desde un ángulo diferente, donde no todo es color de rosas ya que la monotonía afecta en gran parte a los sentimientos de la mujer. Diablo Cody expone lo que atraviesan miles de madres, dejando en claro algo muy importante: no tiene por qué dar vergüenza el pedir ayuda.

P.D: durante la segunda mitad del filme algunas escenas resultan rarísimas, no obstante el desenlace aclara esas dudas, generando que uno quiera volver a verla una y otra vez teniendo en cuenta ese detalle.

Puntaje: 9

miércoles, 9 de mayo de 2018

El plan para salvar a los civiles

“Rescate en Entebbe” (Entebbe, 2018) es una película dramática coproducida entre Reino Unido y Estados Unidos. Está dirigida por el portugués José Padilha, productor de la serie “Narcos”, y escrita por Gregory Burke. El reparto incluye a Rosamund Pike (Amy Dunne en “Gone Girl”), Daniel Bruhl (Niki Lauda en “Rush”), Nonso Anozie, Eddie Marsan, Denis Ménochet (Daniel en “María Magdalena”), Ben Schnetzer (Max en “La Ladrona de Libros”), Juan Pablo Raba, entre otros. Es el cuarto filme que dramatiza lo que ocurrió en junio/julio de 1976 en Entebbe, Uganda. 


A fines de junio de ese año, dos palestinos, junto a los alemanes de izquierda radical Brigitte Kuhlmann (Rosamund Pike) y Wilfried Bose (Daniel Bruhl), tomaron un avión de aerolínea francesa en pleno vuelo. Éste se dirigía de Tel Aviv a París, pero los secuestradores ordenaron que se desviase a una terminal abandonada ubicada en el aeropuerto de Entebbe, donde se encontraba el presidente de Uganda Idi Amin (Nonso Anozie), que apoyaba a las fuerzas pro palestinas. Ni bien se enteran del acto terrorista, los políticos de Israel discutirán cómo proceder para salvar a los 248 pasajeros y 12 tripulantes.


Después de tener más de un largometraje basado en estos hechos, uno se pregunta qué aporta una cuarta producción basada sobre lo mismo, en la que algunos hechos ni siquiera están retratados cómo realmente fueron. Se pueden tomar concesiones para que el relato sea más emocionante, sin embargo aquí el director y guionista tomaron la decisión más errónea: tratar de humanizar en cada escena a los raptores alemanes.

Para esto se recurre a mostrarlos tristes por lo que están haciendo, exclamando que ellos no desean matar a las víctimas ya que son humanitarios. Toda la culpa recae entonces en el Frente Popular para la Liberación de Palestina, lo que no resulta creíble teniendo en cuenta que en la realidad  Kuhlmann y Bose fundaron el grupo terrorista “Células Revolucionarias”.

Por otro lado algunos sucesos están bien representados y mantienen atento al espectador, tales como la escala que realizan en Libia para cargar combustible, donde una mujer finge tener un aborto, la división de rehenes de acuerdo a si eran israelíes o judíos o la decisión del comandante del vuelo. No obstante la película en un comienzo se enfoca en mostrarnos diversos escenarios, donde se aclara en qué lugar están ocurriendo pero son tantos que a uno se le olvidan.

Teniendo en cuenta su título, uno lo que más espera es el rescate por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel. Este tarda muchísimo en llegar gracias a las diversas escenas con mucho guión que hacen perder un poco el interés. Cuando sucede, no es para nada como se esperaba que fuera: ocurre en poquísimo tiempo y aparte ni el montaje ni la música ayudan.

La misión para liberar a los civiles no combina ni un poco con una danza teatral en la que participa la novia de uno de los soldados israelíes. Ese tipo de subtramas, como también la de una relación entre Kuhlmann y un compañero que no participa en el suceso, sólo consiguen que el relato pierda su eje.

“Rescate en Entebbe” tiene una moraleja importante sobre la necesidad de la comunicación para llegar a un acuerdo, sin embargo el mensaje no llega a tener la contundencia que debería, lo que hará que la cinta sólo sea recordada como “otra película más sobre lo que pasó en Uganda”.

Puntaje: 5,50