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domingo, 8 de septiembre de 2019

En busca de su hija

Bruja (2019) es un thriller sobrenatural nacional dirigido por Marcelo Páez Cubells (Omisión, Baires) y escrito por Matías Caruso. Filmado en San Antonio de Areco y Capital Federal, el filme está protagonizado por Érica Rivas (Relatos Salvajes, La Luz Incidente). Completan el reparto Miranda de la Serna (hija de Rivas que ya trabajó con su madre en Antes del Estreno), Leticia Brédice, Juan Grandinetti, Pablo Rago, Guillermo Arengo, Fabián Arenillas, Maite Lanata, el comediante Gregorio Rossello y Rita Cortese.


Desde pequeña, Selena (Érica Rivas) vivió teniendo relación con la magia negra gracias a la sabiduría de su madre. Esto generó que, a medida que pasaban los años, la gente del pueblo la mirara con desprecio, llegándola a considerar una bruja. Mamá de la adolescente Belén (Miranda de la Serna), a la cual tuvo de muy joven, Selena continúa soportando los prejuicios de los demás, ya sea de los dueños del almacén como de los otros padres de los compañeros de secundaria de su hija. Una vez que Belén es engañada y secuestrada por una red de trata de personas, que también captura a las amigas de la joven, a Selena no le quedará otra que utilizar todos sus conocimientos místicos para dar con el paradero de las chicas cuanto antes.

Apuesta arriesgada es la que se tomó Marcelo Páez Cubells con este thriller que mezcla magia negra con prostitución. La idea resulta interesante ya que en Argentina son muy pocos los filmes que se vuelcan al género del terror, sin embargo esta película tiene varios aspectos negativos que no pueden dejarse pasar. Por un lado, la mayoría de las interpretaciones lucen sobreactuadas, generando que el espectador no pueda meterse de lleno en la trama por no creerse a los personajes. Leticia Brédice es el claro ejemplo de esto: resulta imposible tomarse en serio su rol. Tanto su manera de hablar como sus movimientos no son naturales, haciéndonos creer que la actriz recicló papeles anteriores de su carrera para construir a Marisa, mujer que está metida en el proceso de captar chicas jóvenes para la trata.

El guión tampoco ayuda a personajes como el de Pablo Rago o Miranda de la Serna, los cuales no se esfuerzan mucho en su labor. Sin embargo, aquí la protagonista es la acertada: Érica Rivas compone a una bruja llena de habilidades que sorprenden. El peinado, maquillaje y vestuario otorgan a Selena un halo de misterio que atrapa, dándonos ganas de ver todo su potencial. Rivas es la única a la que se le notan las emociones a flor de piel de una forma muy genuina y es por ella que la cinta vale la pena.

En cuanto a los efectos especiales, la película abusa de ellos cada vez más a medida que avanza el metraje. Sin contar con un alto presupuesto, que haya tanto efecto especial de baja calidad solo consigue que esas escenas no logren su cometido: en vez de asustar, la mayoría resultan bizarras, lo que nos lleva a la conclusión de que siempre menos es más.

Con algún que otro cabo suelto, variados clichés, situaciones inverosímiles y actuaciones flojas, Bruja solo consigue salir airosa gracias a su protagonista y al ambiente oscuro recreado. Los poderes espirituales y sacrificios de Selena harán retorcerse en la butaca a más de uno.

Puntaje: 6

lunes, 3 de septiembre de 2018

Una aventura neuquina

“Yanka y el Espíritu del Volcán” es una película nacional fantástica dirigida y co-escrita por Iván Abello. Julieta Ledesma y Fernando Regueira también formaron parte del guión. Producida por Sudestada Cine y Nomad VFX, el reparto incluye a Maite Lanata (El Elegido, 100 Días Para Enamorarse), Ezequiel Volpe, Juan Palomino, Beatriz Pichi Malén, Aymará Rovera, Hugo Arana, Enrique Dumont, Gastón Pauls y Laura Azcurra.


La historia se centra en Yanka (Maite Lanata), una chica de 13 años a la que nunca le contaron qué pasó con su madre. Lo único que sabe es que hace diez años su mamá se fue no sin antes dejarle un collar con tres piedras. Ahora, Yanka no está feliz: su padre (Gastón Pauls) se está por casar con Rita (Laura Azcurra), mujer que no le cae para nada bien. Mientras la pareja se va de luna de miel, Yanka le pide a su abuelo Carlos (Hugo Arana) que la lleve al volcán Copahue. Desde pequeña la joven tiene sueños recurrentes sobre su madre en ese lugar, por lo que el presentimiento de que está allí es muy fuerte. En el bosque neuquino, Yanka conocerá a la “Mapu” (Beatriz Pichi Malén), protectora del pueblo mapuche que le indicará el camino correcto. Con la ayuda del duende Chucao (Enrique Dumont) y el huérfano Lighuén (Ezequiel Volpe), Yanka se pondrá en marcha para encontrarse con Pillán, el espíritu del volcán que en el eclipse de Luna piensa descargar toda su furia.


Resulta una novedad encontrarse con una película de género fantástico en el cine nacional, que va dirigida especialmente a los chicos. Con “Yanka y el Espíritu del Volcán”, Abello tomó leyendas del lugar donde nació para armar una trama relacionada a la naturaleza y los mapuches (su origen, ceremonias y creencias). La idea no está mal, ya que tendremos tópicos interesantes como que el volcán está enojado porque los hombres usaron su fuego para la guerra, el respeto que hay que tener por la Tierra y los antepasados, el alma en contraposición a la oscuridad, etc. Sin embargo, el problema mayor radica en cómo se llevó a cabo el relato.

Por empezar, la cinta está plagada de efectos especiales y escenas con croma que en ningún momento llegan a lucir aunque sea un poco reales. Fuego, bandada de murciélagos, humo, caída de piedras, una serpiente y hasta una criatura celeste medio invisible hacen que al film haya que tenerle mucha paciencia. Cuando el espíritu del volcán habla con la protagonista, la forma en la que lo manifestaron parece una copia del árbol de “Un Monstruo Viene a Verme” (A Monster Calls, 2016), con el detalle de que aquí no está bien logrado.

En cuanto a la actuación de Maite Lanata, que grabó la película cuatro años atrás, al compararla con sus trabajos más recientes puede notarse cuánto mejoró. La culpa no es toda de ella sino del guión, que no la favorece al estar lleno de diálogos que tienen cero naturalidad. Además, la relación de Yanka con Lighuén, el mapuche que la acompaña en la misión, no posee un buen desarrollo, lo que genera que el desenlace de ellos no convenza del todo.

“Yanka y el Espíritu del Volcán” consigue abrir paso a que se hagan más historias sobre la diversidad cultural y rompe con el estereotipo de que todos los mapuches son de piel y ojos oscuros. Lamentablemente, la película falla en muchos otros sentidos.

Puntaje: 5